Los vascos tienen una buena tradición en restaurantes y bares. Pacharán trata de alcanzar alguna de esas características y lo logra en la medida de las posibilidades de Uruguay. El lugar es agradable, generalmente es mejor hacer reserva porque está muy concurrido. Las comidas pueden ser muy simples, como las tapas españolas, hasta las más elaboradas. La carta es extensa y puede ser consultada en la Web. Es general son de buenas proporciones y gustosas aunque lo más probable es que estén hechas con bastante anticipación. Pero el lugar reúne una buena atención, buena carta de vinos y buena carta de cervezas, incluso artesanales. Que en un lugar en Montevideo se pueda comer tapas al estilo español, hasta trucha o paella, con gran variedad de vinos o cervezas, no es común y es una buena política del local. No olvidemos la limitaciones comerciales que imponen algunos distribuidores de bebida. Y lo que no es menor, los precios en general son acordes a lo ofrecido. En definitiva, es un buen lugar estilo taberna, para pasar un buen rato en el centro de Montevideo.
No es fácil dar una nota global a este restaurante porque tiene características diferentes al resto. Si lo que se busca es una supuesta calidad y frescura en los ingredientes de la comida, además de conocer como se realiza. Este es un buen lugar. Si lo que se busca es un lugar agradable, con aire acondicionado, buenas instalaciones, excelente servicio y una buena carta de vinos, este no es el mejor lugar. Los comensales pueden ver como se hace su comida y hablar con el cocinero. Esto no es menor dado que no es posible en la mayoría de los restaurantes, salvo en los griegos. Pero la moza puede no conocer sobre el servicio, la música puede estar alta ya que el parlante es muy cercano a las mesas, muy cercanas entre sí, el menú es reducido a 4 ó 5 platos únicamente, su precio ha subido desde el año pasado -no es el mismo que aparece en algunas fotos- y la variedad de postres es mínima. Claro que el cocinero viene a hablar a la mesa, algo inigualable porque hace el ambiente muy cálido, pero el resultado en la comida no es necesariamente diferente al resto de restaurantes de Montevideo. Los platos no son de mayor volumen que en otros lados y su gusto tampoco. Queda la seguridad de lo que se está comiendo pero se pierde en el tratamiento de la bebida. El lugar está privilegiando los jugos, que no son baratos, es desmedro del vino, por ejemplo. Este es escaso en variedad y notoriamente más caro que en cualquier otro restaurante, ya bastantes caros generalmente. Además su conservación en frío en verano, para los rosados y blancos, no es la mejor. Al final queda la duda si La Fonda es el 4º restaurante de Montevideo, según el ranking de TripAdvisor. Por lo menos parece que es la opinión de la mayoría de extranjeros que visitan el lugar y dejan su opinión en la página. La comparaciones son difíciles especialmente cuando hay elementos muy diferentes. Pero vale la pena conocerlo y luego opinar.
El lugar está dividido en tres ambientes, como se ha señalado, pero lo que no se dice es que la comunicación entre ellos queda abierta. En el ambiente del fondo, con decoración más antigua e iluminación adecuada, tiene la gran desventaja que su mayor mesa, ovalada, se mueve. Pero la sorpresa es que casi nada de lo anunciado como posible menú se puede encontrar. El mozo apenas uno se sienta ya anuncia que hay muy poco de lo escrito en la carta. Y ésta es de las más pequeñas que se puede encontrar. Pero peor aun, los platos mencionados por otros comensales no son conocidos por el mozo. En cualquier lugar se sirve al comienzo la panera con algo para untar o picar. Aquí no es así. Cuando uno llega lo primero que hay que decir al mozo es el vino o bebida que uno va a tomar y después que trae la bebida viene la panera. En el momento de elegir la comida el mozo reconoce las carencias de la carta real y recomienda que nos podemos ir a comer a otro lado. Cuando uno logra elegir entre las dos entradas y cuatro comidas disponibles, el pedido llega a los pocos minutos. No hay mayor retardo, tal vez porque el restaurant está casi vacío. Pero lo más importante es conocer si uno queda satisfecho por el plato elegido. Y la respuesta generalizada es que no. Que ese mismo plato se podía comer en otro lado y tal vez a menor precio. Algo similar sucede con los postres. Queda en el aire una sensación de que la comida no era fresca y que tenía un grado importante de conservación. Con todo esto por delante llega el momento de pago, donde encontramos varias sorpresas. Primero que la tarjeta más importante de plaza no es admitida. Segundo, que no se reconoce descuento del 20% en el pago al contado. Al manifestar que esto era contrario a lo expuesto en páginas Web y ante la presentación de un impreso donde se manifiesta el descuento, el mozo tiene que consultar a la dueña antes de aceptar el descuento. Pero el detalle está en la tercera sorpresa. El restaurant no da factura. La cuenta viene en un papelito escrito a mano. La sensación es de total improvisación y no da para volver.
Comentarios
7/2/2016
7/2/2016
(Cerrado)
3/2/2015